domingo, 18 de marzo de 2018

Jugamos como sabemos, como la final

Hoy, el River de Gallardo, fue un claro vencedor ante un tibio Belgrano que cayó derrotado 3-1 en el marco de un eufórico Monumental.


IMPLACABLE / SCCOCO CUMPLE CON CRECES, AUNQUE POR AHORA SIGUE AGUARDANDO EN EL BANCO.

 Hace no más de un par días, el flamante entrenador de River, Marcelo Gallardo, había declarado -después de haberle ganado la Supercopa a su eterno rival- que su equipo jugó mal dos meses sólo para vencer a Boca. Frase que carecía de total seriedad, respeto, profesionalismo, entre tantas otras cosas.
 Al final, todos lo tomamos como una chicana. Sin embargo, lo que decía el técnico de los de Núñez, al parecer, no era un bulo: sus once jugaron (ese verbo) y esta vez fueron superiores a los cordobeses (sí, Belgrano en el Monumental, otra vez) desde el minuto uno. Con goles de Pity Martínez y dos de Nacho Sccoco, persistieron los festejos.

 El encuentro arrancó con un regalito de la defensa celeste a Gonzalo Martínez, que desparramó un rival y puso en ventaja al local en el amanecer del partido. Pudo haber convertido más de uno en los primeros 45', pero escaseó de eficacia.
 Una segunda mitad a puro festejo es lo que esperaba el hincha millonario. Y así fue. Aunque primero tuvo que pasar por el debacle producido por el tanto de la paridad de Epifanio García.
 De ahí, a Sccoco, le bastó un puñado de minutos y un par de contras para no dejar dudas de quién era el rey de la noche. Y de cómo juega el Millo de Napoleón; 3 a 1 la cosa.


Con esta victoria River suma 26 puntos, decimosexto en la tabla, a veintiún del líder y, aunque las sabe jugar, sigue lejos de los puestos de clasificación a copas.
 De la crisis, a la celebración. Esta fue la mutación de lo que le rodeaba al Muñeco. De tambalear, a asegurar que es el entrenador más relevante de la historia de la Banda en estos los últimos años. Así de fácil, así de rápido, así de contundente.
No hay excusas, para que de ahora en más, River juegue cada partido como hoy, o como la final, o en serio, como insinúa Gallardo.


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